Recientemente se produjo en nuestro barrio y en Málaga la noticia que generó el mayor interés y sorpresa: el descubrimiento de una cueva en la Araña con formaciones maravillosas que ha merecido el nombre de “La maravilla Blanca”. Pero el problema es que esta cueva está en los terrenos que explota la fábrica de cemento.
Yo recuerdo cuando de pequeño acompañaba a mi padre en el camión que conducía, a cargar sacos de cemento. Aquella fábrica me parecía algo futurista, una construcción gigantesca y muy moderna en comparación con nuestras viviendas y entornos de barrio. Me sorprendía y tenía ganada mi admiración, sin embargo, con el paso de los años mi valoración ha ido cambiando, hasta llegar a mostrar mi más rotunda rechazo a su existencia.
Siempre llamó mi atención y mi interés el legado que recibimos las personas. Yo creo que esto ha suscitado siempre el interés de todos. ¿Quién, cuando ha ido madurando no ha reflexionado sobre la herencia dejada por sus padres y abuelos? , no la herencia económica sino aquella que tiene que ver con algo más profundo e importante: el carácter. El parecido físico o la manera de andar o moverse. Los gestos o el respeto por la naturaleza. El cariño o miedo o asco a los animales. El sentimiento de solidaridad, empatía o de ayuda a los vecinos y vecinas más necesitados. La alegría, tristeza, o seriedad. O cualquier otra característica que reconocemos como heredada de ellos y ellas.
También hemos oído, meditado y conversado en muchas ocasiones sobre el legado que nuestros padres y abuelas nos dejaron por su esfuerzo organizado, en la lucha por conseguir tantas cosas que ahora disfrutamos nosotros/as, sin haber peleado por ellas: Los derechos laborales, la jornada de 8 horas que nos legaron con su esfuerzo las organizaciones obreras y sindicatos de clase. O los avances de protección del medio ambiente que le debemos a las organizaciones ecologistas. Y cómo no mencionar los mecanismos legales y avances en la lucha contra la discriminación machista y patriarcal. Cuántas mujeres han sacrificado hasta su vida en la lucha desde el movimiento feminista para que hoy tengamos algunos avances en este campo, aunque sean todavía muy insuficientes.
Pero lo que tiene que ver con el tiempo más lejano, es más difícil de apreciar. Este es un aprendizaje más lento y complejo. Yo lo descubrí en la escuela y a través del estudio. Desde ahí accedí al legado de las civilizaciones y de la naturaleza, del planeta.
Sobre las experiencias y descubrimientos de estas civilizaciones anteriores a las nuestras y gracias a ellas, hemos construido nuestra vida actual, nuestro pensamiento, nuestra ciencia y estas formas de organización social. Sin ellas estaríamos perdidos y comenzando de nuevo desde el principio: el fuego, la rueda, el trabajo colectivo y apoyo mutuo. Todo lo hemos heredado para tener una vida más fácil, y debemos pensar en lo importante que es cada uno de los restos arqueológicos de estas civilizaciones, como documentos maravillosos de aprendizaje para la vida actual y futura. Nuestro pasado histórico y prehistórico, cualquier resto arqueológico es un tesoro para nuestra memoria, nuestra experiencia y nuestras posibilidades de desarrollo futuro como civilización y como personas.
También el planeta, su desarrollo biológico y geológico nos deja un legado valiosísimo que debemos defender y conservar. Ya sea desde los planteamientos clásicos como el de los griegos, que veían al planeta tierra como un elemento vivo y lo llamaban Gaia, o como los indígenas americanos que, aún hoy, piensan en él con el mismo cuidado y le llaman Pacha Mama. También desde una perspectiva más actual, desde los planteamientos de la ciencia y la ecología, el planeta es indispensable para pensar mucho más allá de la vida humana.
Sin embargo, no parece que muchos políticos hayan entendido esto y sólo les preocupa la rentabilidad económica y la sobreexplotación de los recursos naturales y de las personas.
Anteponen los intereses de las grandes compañías y empresas a estos saberes que a la larga son también más rentables económicamente, no sólo culturalmente.
Todavía recuerdo frases famosas de estos personajillos, como cuando en el Rincón de la Victoria recién descubiertos restos arqueológicos de Bezmiliana, el político de turno apostaba por sepultarlos para construir un supermercado encima, argumentando que era más importante los puestos de trabajo y la economía para el Rincón de la Victoria que unos cuantos botijos viejos.
O cuando a finales de 1995 descubrí junto con mis alumnos de Totalán un dolmen del neolítico final. Cuando pedimos a la alcaldesa que subiera al Cerro de la Corona, donde estaba el dolmen, tras la subida y al contemplar los restos exclamó: “y para ver estas piedras clavadas en el suelo he tenido que subir esta cuesta”. Se trataba de los restos arqueológicos más antiguos, datados hasta entonces, en la zona de los montes de Málaga, no sólo de Totalán.
Las presiones de la cementera que en realidad es una incineradora que lanza al aire toneladas de gases contaminantes, ha conseguido que se retrase y se ponga en peligro esta cueva que la cementera tiene destinada a ser destruida y convertirse en materia prima para elaborar cemento. Sus formaciones de estalactitas, estalagmitas, columnas y otro tipo de fenómenos de un valor geológico y natural inmenso, son un tesoro para el disfrute de las personas y para el estudio científico, sin embargo, está pesando más el poder económico y las influencias políticas de esta empresa que el sentido común y el interés por la cultura. Sin hablar de que económicamente sería mucho más rentable para la población malagueña la explotación turística compatible con su protección y estudio científico.
Han dicho que si no hay restos arqueológicos no tienen valor, todo se mide por la presencia humana. El arqueólogo Julián Ramos ha descubierto restos de lámparas de neandertales y cromañones dentro de la cueva, lámparas construidas por nuestros antecesores prehistóricos con tuétano de animales y mechas vegetales. Ya están ahí los restos humanos suficientes para callar estas bocas interesadas en que se destruya la cueva. Sólo queda intensificar la investigación y proteger la cueva.
Recientemente los partidos de la oposición en el ayuntamiento de Málaga han pedido la protección de dicha cueva, los partidos en el poder del Ayuntamiento, PP y Ciudadanos, se han opuesto. ¿Qué intereses están defendiendo estos gestores políticos? ¿Los de la cementera o los de la ciudadanía malagueña?
La cementera o incineradora de la Araña compra muchas voluntades con subvenciones y apoyos a actividades en la ciudad, Hasta ahora eso les ha servido para frenar las reivindicaciones de quienes pensamos que esta fábrica debe cerrarse por el peligro para la salud que supone.
Ahora con esta nueva noticia es el momento de reivindicar las dos cosas: la protección de la cueva “La Maravilla blanca” y el cierre de la fábrica, No debemos permanecer callados ante tanto ejercicio de poder del dinero. Opongámonos con todas nuestras fuerzas. Nuestro barrio ya tiene experiencia en otras luchas tan dignas y difíciles como esta.

Miguel López Castro
Maestro jubilado. Licenciado en Pedagogía y Doctor en Pedagogía.





